La labor de la Junta del Tesoro Artístico como sabemos fue encomiable. Pero, ¿cómo surge?

“Tareas de la sección de Bibliotecas de la Junta. Colocación de etiquetas, copia de papeletas e intercalación en el fichero.” Foto de Aurelio Pérez Rioja. Legado Información artística- Junta Tesoro. Fuente: Fototeca IPCE

1. Junta del Tesoro Artístico (decreto 23 julio 1936)

La sublevación militar del 18 de julio de 1936 contra el Gobierno de la República, inicia la Guerra Civil española. La Junta de Protección del Tesoro Artístico se crea en Madrid tan sólo cinco días después, ante el temor e inquietud por la conservación del patrimonio histórico a propósito de las posibles destrucciones de bienes. Según María Teresa León (1977), fue idea del escritor José Bergamín, partiendo de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Por un decreto del 23 de julio (Gaceta del 25) se creó una Junta que “intervendrá con amplias facultades cuantos objetos de arte o históricos y científicos se encuentren en los palacios ocupados, adoptando aquellas medidas que considere necesarias a su mejor conservación e instalación y trasladándolas provisionalmente, si así lo estimare, a los Museos, Archivos o Bibliotecas del Estado”. Sin retribución económica, debían tener una relación directa con el Director de Bellas Artes y la componían siete vocales: Ricardo Gutiérrez Abascal (Juan de la Encina), Manuel Sánchez Arcas, Luis Quintanilla, Arturo Serrano Plaja, Carlos Montilla, Emiliano Barral y José Bergamín.

2. Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico (decreto 1 agosto 1936)

Posteriormente se decide que sea independiente de la Dirección General de Bellas Artes y de las organizaciones obreras. Sus primeras reuniones fueron en el despacho de Gutiérrez Abascal, director del Museo de Arte Moderno o en otros lugares como el Convento de las Descalzas Reales. Aunque en principio, se encontraban limitados, poco a poco comienzan a solucionar por Decreto el marco de sus labores: en el del 1 de agosto (Gaceta del 2) la Junta, que recibía ya el nombre de “Incautación y protección del Patrimonio Artístico”, vio aumentados en cinco el número de sus vocales, recibiendo la potestad de nombrar auxiliares y una asignación. También se dispuso que “procederá a la incautación o conservación en nombre del Estado de todas las obras, muebles o inmuebles, de interés artístico, histórico o bibliográfico, que en razón de las anormales circunstancias presentes ofrezcan, a su juicio, peligro de ruina, pérdida o deterioro”.

Lo más interesante fue que tomaron las siguientes medidas:

  1. Refuerzo y protección de edificios, monumentos y conjuntos artísticos.
  2. Habilitación de depósitos acondicionados.
  3. Traslado de obras a los mismos.
  4. Incautaciones a particulares para evitar pérdidas o expolios.
  5. Inventarios y actas para facilitar el control de obras y la posterior devolución.
  6. Proyectos de creación de depósitos blindados para las obras de arte en lugares aislados.

Ficha correspondiente al envío Nº 599 “Las Meninas”, cuyo traslado fue organizado, cumpliendo encargo del Ministerio, por María Teresa León de Alberti. Legado Vaamonde. Fuente: Fototeca IPCE

En un primer momento,  un acuerdo de finales de julio planteó la necesidad de disponer de depósitos. Se pensó en el convento de las Descalzas, en el que se había instalado la Junta como ya dijimos, y en el Museo Arqueológico, de Arte Moderno y del Prado. Las Descalzas sería lugar distribuidor donde se realizacen las fichas. Aquí permanecerían las obras de carácter religioso, al Prado irían los cuadros hasta Goya, al Museo de Arte Moderno algunas pinturas de Goya y las de los siglos XIX y XX, y al Arqueológico esculturas y objetos de artes industriales. Como no servía el Convento de las Descalzas se piensa en la iglesia de San Francisco el Grande.

El personal que era poco en origen, se completó con miembros de la Comisión Gestora del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Se dividió en:

  • Comisiones de la previa visita de los edificios incautados (se formaron dos equipos: Vegué, Garzón y Martín, por un lado, y Salvador, Íñiguez y Balbuena, por otro; Condoy, Espinosa, Laviada y Vázquez de Parga se unirían a ellos “accidentalmente (…) cuando se juzgue conveniente su juicio técnico”.
  • Comisiones encargadas de la incautación y traslado (se formaron tres equipos, cada uno de dos personas: Barral y Pola, Ferrant y Orgaz, y Cano y Benlliure), una Comisión de Archivos y Bibliotecas (formada por «Moñino y las señoritas») y una comisión formada por Galicia y un auxiliar técnico, “encargados de fijar carteles del Ministerio en las iglesias”. La Incautación se realizaba con un acta por triplicado: interesado, Ministerio de Instrucción Pública y Junta.
  • Aparte quedaba Borrás, encargado del traslado de los cuadros con la camioneta, y el equipo formado por los mozos de los museos.

Se promovió además una campaña de concienciación de las milicias para que entregaran las obras incautadas,  una serie de aperturas de palacios y exposiciones en los Museos del Prado, Arte Moderno y Arqueológico para que se pudiera disfrutar de las piezas, así como se colaboró con la Escuela de Bellas Artes para realizar una serie de carteles de propaganda.

“Cualquier obra de arte por insignificante que parezca puede tener un valor incalculable — Pueblo — las obras de arte te pertenecen: respétalas. La Junta del Tesoro Artístico recibe y protege las obras de arte para los Museos Nacionales”. Ministerio de Instrucción Pública, Dirección General de Bellas Artes, [entre 1936 y 1939] (Gráficas Valencia, Intervenido U.G.T. C.N.T.). Litografía. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Para hacernos una idea, todo esto permitió en Madrid la salvaguarda de más de 18.000 pinturas, 12.000 esculturas y objetos, más de 2.000 tapices, 40 archivos eclesiásticos y particulares y más de 70 bibliotecas, incluyendo obras maestras atesoradas en las principales instituciones religiosas y culturales, y en colecciones particulares. Afortunadamente se adoptaron pues, en septiembre, los nacionales se centran en la toma de la capital republicana.

En este mes Largo Caballero sustituye a Giral, pasando a estar en manos de los comunistas (el ministro era Jesús Hernández, hasta entonces director de Mundo Obrero, el subsecretario Wenceslao Roces y el director general de Bellas Artes José Renau). En noviembre, su gobierno se prepara para salir, quedando en la ciudad para encargarse de su defensa una Junta Delegada presidida por el general Miaja. El 5 de este mismo mes, el subdirector del Prado, Sánchez Cantón, fue llamado a la Dirección General de Bellas Artes, donde se le hizo saber que el Gobierno había decidido en Consejo de Ministros evacuar inmediatamente a Valencia 42 obras del Prado. Horas después, llegaba al Museo una Orden Ministerial con una relación los cuadros que debían ser preparados para el traslado. No fue en vano, pues tal y como podemos ver en el siguiente plano, recibió el impacto tanto en su interior como en los alrededores de varias bombas incendiarias:

“Plano de los bombardeos sufridos por el Museo del Prado, el 17 de noviembre de 1936”. Legado Vaamonde. Fuente: Fototeca IPCE

Así, se decide ante el peligro de las obras, aunque bastante discutido, trasladar las obras a Valencia, para más tarde enviarlas a Cataluña y posteriormente a Ginebra. En el caso de la primera evacuación, Josep Renau mismo, Director General de Bellas Artes, admite en 1937 al Office International de Musées (dependiente de la Sociedad de Naciones) que los motivos  no fueron tan sólo medidas de protección sino que influyeron, sin duda, otros de carácter político al trasladarse la capitalidad republicana a Valencia: “se fondait sur des motifs politiques et militaires du Gouvernement de la République”, refrendado porque en el informe del Museo del Prado se sentenciaba que “[es] criterio del Gobierno de la República, compartido por esta Dirección General, que todas las obras de arte y objetos de valor integrantes de nuestro patrimonio artístico deben estar depositados en el sitio donde él resida”. Se preveían diferentes fases (Judith Ara, 2003):

  1. Selección de obra, comenzando por los autores españoles
  2. Preparación de obras y embalajes de forma particularizada
  3. Elección de medios de transporte y vigilancia de los convoyes
  4. Instalación en depósitos provisionales y constatación de su estado de conservación
  5. Nuevo embalaje y paso al depósito definitivo

Claro que esto conlleva el traslado de la Junta a Valencia, por lo que será necesaria la creación de una Junta Delegada en Madrid que se denominó “Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico” por O.M. del 15 de Diciembre.

Torres de Serranos. Uno de los lugares destinados a depósito de obras de arte en Valencia. Fuente: Fototeca IPCE

 

3. Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico (O.M. 15 diciembre 1936)

El objetivo principal de ésta sería la recuperación de obras y el traslado de las mismas a Valencia. Pero se vaticinaban problemas pues ya en su acta de constitución se afirmaba:

“Se adopta por unanimidad la decisión de no proceder al traslado de las obras en tanto no puedan ser embaladas y transportadas en las condiciones de seguridad que se juzguen indispensables, previo detenido examen y una vez conocidos los pareceres de los miembros de la Junta, de D. Antonio Bisquert Pérez, a quien se designa asesor técnico de la Junta, y del subdirector del Museo del Prado y el restaurador afecto al mismo. Respecto de aquellas obras que ofrezcan peligro de deterioro por su estado actual, y de las tablas que han de verse expuestas por el cambio de clima y de las condiciones atmosféricas a alteraciones, se decide salvar el criterio de la Junta mediante informe escrito y hacer el envío únicamente previa orden de la Superioridad  (…) Se conviene en la necesidad de que se trasladen a Valencia dos restauradores del Museo del Prado para que atiendan a aquellas obras que en los viajes sufran las naturales alteraciones en sus barnices, soportes, materiales, etc. Con tal fin se requiere el consejo del subdirector del Museo del Prado y se designa a Manuel Arpe Retamino y a Tomás Pérez Alférez, (…) que prestan sus servicios en el Museo del Prado”

(Libro de actas de la Junta Delegada…, fol. 2-2vº, Acta reunión de 16 de dic. 1936)

Por tanto, irremediablemente, al no tener mayor presupuesto, iban a tener discrepancias a la hora del traslado de las piezas. A finales de diciembre Renau le escribe a Balbuena: “Vistos los informes que presentan de una parte el señor subdirector del Museo del Prado sobre los riesgos que pueden correr ciertas obras en su traslado a Valencia y de otra el que presenta la Junta Delegada para la protección del Tesoro Artístico, esta Dirección, considerando que los riesgos de [sic] dichas obras corren permaneciendo en Madrid son mucho mayores que los referentes a su traslado, acuerda que sean trasladadas con todos los cuidados convenientes”. 

Preparación de expediciones con traslado de bienes histórico-artísticos- Legado Vaamonde. Fuente: Fototeca IPCE

Preparación de expediciones con traslado de bienes histórico-artísticos- Legado Vaamonde. Fuente: Fototeca IPCE

En cuanto a la recuperación de los bienes no resultaba tarea fácil, no será hasta principios de año en los que se refuerce su autoridad. El problema que tenían era Hacienda que actuaba por su cuenta a través de la Caja de Reparaciones. Así Hacienda enviará a Valencia: los tapices del Ministerio de la Marina, Palacio Nacional y Fábrica Nacional de Tapices y gran parte del tesoro de Aranjuez. Con lo que no reconocerá la labor de la Junta.

4. La Junta Central del Tesoro Artístico (O.M. 5 abril 1937)

La Junta Central del Tesoro Artístico (JCTA) se convierte en la principal protagonista de la política de protección del patrimonio a lo largo de toda la guerra. Según la OM debería encargarse de “la incautación y conservación, en nombre del Estado de las obras muebles o inmuebles de interés artístico, histórico y bibliográfico que en razón de las anormales circunstancias presentes ofrezcan a su juicio peligro de ruina, pérdida o deterioro, tanto de las que pertenecen al Estado como de todas aquellas que […] pertenezcan a las provincias, a los municipios o a los particulares”, y se establece como un elemento más de la pirámide administrativa, pues dependiendo del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico (CCABTA – decreto 16 febrero 1937-), dependerían de ella, a su vez, las Juntas Delegadas provinciales y las Subjuntas locales sirviendo de enlace entre ellas y la Dirección General de Bellas Artes (DGBA). El Consejero Provincial de Cultura, Timoteo Pérez Rubio, adquiere importancia al punto de sustituir a Renau en su ausencia.

Desde primavera de ese año, asciende Negrín al poder, que dará el poder a Hacienda, por lo que la labor se verá entorpecida de nuevo. Aún así, la Junta tenía unos 30 miembros a lo que se le añaden 48 subalternos, por lo que la incorporación de especialistas permite, sobre todo, aumentar el rigor e intensidad de las tareas de catalogación. Desde marzo se amplía el número de ficheros y comenzó la catalogación de muebles, depositados hasta entonces en San Francisco sin otro control que no fuera el acta de incautación. También se inició por esas fechas el fichero fotográfico y se reorganizó la recogida y catalogación de archivos y bibliotecas, dirigidas hasta entonces por Rodríguez Moñino casi con independencia de la Junta.

A la vez se reorganizan los equipos de trabajo:

En Madrid

  • Visitas de información y de la recogida de obras: Vidal Arroyo Medina, Fernando Gallego Fernández, Manuel Álvarez Laviada, Rafael Pellicer Galeote, el restaurador Antonio Bisquert y Antonio Buero Vallejo (por aquel entonces alumno de la Escuela de Bellas Artes y miembro prominente de la FUE).
  • Información y recogida de Bibliotecas y Archivos: José María Lacarra (archivero y presidente de la Sección de Archivos del CCABTA), Matilde López Serrano y el catedrático de la Universidad de Sevilla José Vallejo Sánchez.
  • Visitas e incautaciones por los pueblos de la región Centro: Ángel y Alejandro Ferrant, José María Rodríguez Cano y Thomas Malonyay.
  • Núcleo rector de la Junta: Fernández Balbuena junto a Ángel y Alejandro Ferrant, José María Rodríguez Cano y Thomas Malonyay, siendo sus actividades de muy diverso signo. Ángel Ferrant se encargaba también de elaborar los dictámenes de la Junta y de organizar el fichero fotográfico, su hermano Alejandro y Rodríguez Cano de la conservación de monumentos (este último era el representante de la Junta en el Comité de Reforma) y Thomas Malonyay sería durante mucho tiempo algo así como el hombre para todo.

Equipos más especializados (catalogación y ficheros):

Organización de los archivos, catalogación y restauración

  1. Fichero general.
    • Colecciones incautadas y los pueblos de la región Centro con tres ordenaciones diferentes: orden cronológico de incautación, orden alfabético de propietarios y por calles.
    • Sección locales precintados, protegidos, etc. y en él constaban todas la actas de incautación conservadas por la Junta.
  2. Fichero técnico. Salvo excepciones (a veces una ficha podía comprender varios muebles o un conjunto de objetos de orfebrería) cada obra contaba con su ficha, en la que se registraban sus características, estado de conservación e incidencias.
    • Pintura. Dividido en dos secciones: una por orden alfabético de propietarios y otra por autores.
    • Objetos (escultura).
    • Muebles
    • Archivos
    • Bibliotecas
  3. Libros inventario. Se anotan por orden cronológico de incautación las obras con sus autores y procedencias.

Colaboraciones

La protección monumental, fuentes y portadas, la llevaba, inicialmente, la Comandancia de Obras y Fortificaciones y, desde la primavera de 1937, el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid, en el que la Junta del Tesoro estaba representada.

En septiembre de 1938 se llevaban ya inventariados 21.737 cuadros y 14.125 objetos (término en el que se englobaban también las esculturas) procedentes de 571 lugares. Su arduo trabajo se trata como vemos de un gran testimonio en cuanto a la historia de la conservación, protección, custodia y traslado del Patrimonio Cultural.

A continuación podemos ver dos ejemplos de restauraciones, un análisis de los efectos nocivos de los gases, el acondicionamiento del depósito del Tesoro Artístico Nacional y cómo se encontraban algunas de las piezas de forma provisional en San Francisco el Grande. En estas últimas, si nos fijamos, cada pieza tiene su etiqueta identificativa, que se corresponde con una ficha de las obra y que a su vez posee un número de inventario registrado en unos libros que están destinados en su momento a devolver las piezas a sus legítimos propietarios pues, recordemos que se incautan de forma provisional para su preservación para las generaciones futuras. Estas etiquetas que suelen aparecer en los reversos de los cuadros y que hoy en día, muchas de ellas conservan, nos permiten rastrear las obras desde un punto de vista tanto historiográfico como museográfico.

Así pues, espero que les haya gustado este acercamiento a la fascinante historia de la Junta del Tesoro Artístico. Para saber más:

Lecturas imprescindibles:

  • AA.VV. Catálogo “Arte protegido. Memoria de la Junta del Tesoro Artístico durante la Guerra Civil”. IPCE y Museo Nacional del Prado. Ed. Secretaría General Técnica. Centro de Publicaciones. Ministerio de Cultura, Madrid, 2003.
  • ARGERICH, I. “Memoria fotográfica del Salvamento del Tesoro Artístico Español en la Fototeca del Patrimonio Histórico del IPCE”.
  • LEÓN, M.T. “La Historia tiene la palabra”, Hispamerca, Madrid, 1977.
  • “Arte protegido” en Museo del Prado (www.museodelprado.es-2 de Septiembre de 2016)

Totalmente recomendable el documental “Las Cajas Españolas” que podéis ver en el siguiente enlace:

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